Cierto es que dije que no volvería a escribir hasta pasadas las fechas navideñas, respetando mis merecidas vacaciones. Sin embargo he tenido que usar mi Mac para realizar unas gestiones desde mi retiro y de camino he querido actualizar esto.
Valmaseda y yo nos encontramos en New York, la ciudad que nunca duerme, porque quiero visitar los barrios conflictivos de la capital del mundo. Cual Mercedes Milá, aunque yo no orine en la ducha, he ocultado una cámara fotográfica para filmar las peligrosas bandas del Harlem. O mejor dicho, la lleva oculta Valmaseda, por si acaso. La experiencia ha sido absolutamente fantástica. He conseguido mezclarme entre ellos, de hecho, he retado a uno de ellos en un duelo de danza, que fue grabado por Valmaseda.
Como esta es mi última entrada que escribo este año he pensado en dedicarsela a uno de mis lectores preferidos. Hice un sorteo y te ha tocado a tí, Cleira.
Cleira nos demuestra que es una mujer culta, de gustos musicales refinados, Bach, Mozart, Frank Sinatra, etc. Y Joaquín Sabina. Poeta urbano que nos deleita con fragmentos como este; "Porque una casa sin tí es una oficina, un teléfono ardiendo en la cabina, una palmera en el museo de cera" Lo que significa todas estas metáforas escapan a nuestra comprensión, excepto a la de Cleira, que es amplia como su sonrisa en su fotografía de datos personales.
Eso sí, nuestra lectora es culta pero no lee, excepto periódicos, como pone en "intereses". En el apartado de libros favoritos pone; me gusta la historia, el arte en general y la pintura. No podemos comprender que relación hay entre una cosa y otra, a menos que puedas comprender a Joaquín Sabina y las tonterías que dice para hacerse el profundo y complejo poeta urbano. Le gusta visitar exposiciones, como afirma también en "intereses" y creo saber que quedó maravillada en la exposición del genial pintor contemporáneo Humberto Janeiro. En el mismo apartado dice algo que contrasta con la imagen de culta que me hice de ella, sinceramente. Pues afirma que le gusta charlar con un buen vino y una mesa, y que no creo que le den mucho tema de conversación, salvo que sea esquizofrénica.
Amenicemos la entrada con una grata sorpresa. ¿Recuerdas que me mandaste algunas fotos para que se las mostrara a mi círculo de amistades por si se interesaban por tí? Te ha salido un pretendiente.
En privado te dejo su dirección, a él también le gusta Mozart. De paso concluyo esta entrada con una foto de nuestra amiga Cleira, haciendose un bonito peinado en la peluquería.
Regresaré en Enero, donde os contaré como he pasado mis vacaciones en los Alpes.
Hola a todos,
Gracias por los comentarios y mails de apoyo que me habéis mandado. La verdad es que se necesitan mucho en los momentos más bajos. Y estos han sido de los más difíciles de mi vida. Más incluso que cuando perdí a Sofía, mi gran amor, mi diosa griega.
Como agradecimiento a los pocos pero selectos lectores he puesto, con el permiso de Alex, claro está, dueño y señor del blog, su diario personal, un aritilugio muy curioso. Se trata del Top Ten Comentaristas: Los diez lectores que más comentan. Estoy realmente emocionado de contribuir en que se sientan ustedes más unidos y partícipes en el blog.
Un abrazo caluroso. Valmaseda.
Actualizado : El señor Alejandro Robles Junior, no volverá hasta después de navidades.
Esta mañana he coincidido en el ascensor con el vecino del segundo, al cual no conocía, y que se llama Mateo. Me saludó amablemente y le devolví el saludo. Es el único vecino que me ha saludado desde el juicio ya que los demás me giran la cara al pasar o me amenazan diréctamente. De hecho, hasta la señora del síndrome de Diógenes está en mi contra, y a Valmaseda le tiró una lata de atún abierta cuando este se asomó a la ventana para tender. Él parecía ajeno al revuelo que se había formado dos o tres días atrás, y ahora que lo pienso, no estuvo en el juicio. Mientras el ascensor bajaba me miraba parecido a este.

Hablamos distendidamente mientras el ascensor descendía, hasta que salió el tema del juicio, y me comentó que él también había tenido pleitos con la comunidad. Me vino bien un compañero de armas, pues aunque mis vecinos Marcos y Celia no están en mi contra tampoco quieren tomar partido, sobre todo habiendo visto la colección de armas que tiene "el sargento". Estuve con Mateo tomándome un café mientras me decía que le habían hecho la vida imposible durante años para que se fuera del edificio. Entonces tuvo un plan, fingir un asalto con violencia en su casa y denunciar a la comunidad que no tenía medidas de seguridad a pesar de haberse votado en junta. El plan me pareció bueno, pero la mirada de Mateo me seguía inquietando.
Esta misma mañana llevamos a cabo el plan. Arañamos la cerradura para que pareciera que estaba forzada, até a Mateo a una silla, y revolví la casa para que pareciera un robo. Entonces Mateo me dijo que le pegara. Yo dudé en hacerlo pero él seguía insistiendo. Al final le dí un par de golpes. Luego, Mateo me dijo que fuera a su cuarto y que revolviera los cajones de su despacho, donde tenía algunas joyas. Cuando fuí a hacerlo ví en los cajones una serie de denuncias, hechas por la comunidad y que habían sido favorables a esta.
La primera decía que Mateo había cortado los cables de la antena de televisión del edificio argumentando que mediante ella se comunicaban con inteligencias alienígenas. Otra denuncia decía que se atrincheró durante dos días en casa de un vecino mientras le gritaba a las palomas a través de la ventana que dejaran de darle órdenes. Me quedé estupefacto y me fuí de allí tan rápido como pude, con tan mala fortuna que en ese mismo instante en que salía al rellano me crucé con un vecino. Espero que no haya visto que salía de la vivienda de Mateo.
El juicio tuvo lugar ayer. Mi legión de abogados, un ejército de hombres y mujeres uniformados de negro con maletines en sus manos, capaces de hacer creer a cualquier juez que Bin Laden es un simpático árabe, estaba preparada. Le lancé una mirada de intimidación a la vecina que me denunció. Ella me sostuvo la mirada, retadora. Yo sonreí, sabiendo que si mi equipo de abogados fue capaz de absolver a un esquizofrénico por matar a dos monjas en defensa propia esto estaba chupado. Yo no abrí la boca en todo el proceso, mis abogados hablaban por mí cada vez que el juez o el abogado de la acusación (de oficio y con eso lo digo todo) me preguntaban algo. Yo observaba al abogado de la acusación, que empezó el juicio muy fuerte y terminó tartamudeando tanto que el juez estuvo a punto de aplazar el juicio. Parecía que quisiera tirar la toga y saltar por la ventana.

Estoy descubriendo muchas cosas con Celia, no obstante, es la primera vez que salgo con una persona que no pertenece a la aristocrácia, sin contar obviamente a Carlota. Hace unos días me llevó a un Mcdonalds. Realmente no me gustó la experiencia pero tan poco estuvo tan mal como lo pintaba mi madre. La comida tenía buen sabor aunque el servicio era pésimo. El que despachaba se rió de mí cuando le dije que quería acompañar la hamburguesa con un Rioja gran reserva, y yo pensé, más me rio yo de tí por tener que trabajar entres grasas 10 horas diárias. Mesas y sillas de colores, parecía un restaurante para niños pequeños y/o subnormales. Veía a toda esa gente comiendo hamburguesas y las compadecí, nunca sabrán lo que es comer en un restaurante de verdad. Lamento si alguien se ha sentido ofendido.
He cogido un autobús, también por primera vez en mi vida, y aún estoy descubriendo cosas nuevas, que había visto muchas veces pero no había experimentado. Sin embargo, al llegar cada día a casa después de una cita con Celia tengo extraños temores, que me acompañan a la cama cuando apago la luz. ¿Me estoy convirtiendo en un burgués, o peor aún, en un hidalgo? Es entonces cuando me replanteo mi relación con Celia. Mientras tanto estoy a la espera de juicio, y por si fuera poco, la del síndrome de Diógenes sigue almacenando mierda en su palomera, por llamarla de alguna manera porque las palomas están todas muertas.
Estos últimos días han sido intensos. Estoy conociendo a Celia y parece que la cosa promete, aunque estoy metido en un pleito con los vecinos por un incidente que tuvo lugar el lunes. La mañana comenzó como corresponde a cualquier lunes de mi nueva vida. Me desperté y visité a mis padres para que me dieran la paga. Mis padres están divorciados pero su relación es tan cordial que incluso viven en el mismo hogar. Cuando fui, mi madre y mi padre estaban sentados viendo la televisión. Le pedí la paga a mi madre y me dijo.
- Dile al inútil de tu padre que este mes no me ha pasado la pensión por daños psicológicos que dictaminó el juez, y que sea pronto porque quiero invitar a Alfonso (el jardinero) a una escapada a la sierra.
- Dile a tu madre que no me parece bien que paguemos a un jardinero que no hace su trabajo.
- Pregúntale a tu padre por qué da por hecho de que no hace bien su trabajo. Y de camino dile que esta semana te de él la paga, que su cartera es lo único que le crece últimamente.
Les dejé hablar y me marché.
Me traje a Conde, mi doberman, al piso para estar con él todo el día y aquí me dí cuenta del poco aprecio, envidia quizás sea la palabra adecuada, que me tienen mis vecinos. Parece que durante los 14 días que llevo viviendo en la comunidad me estuvieran observando, esperando que cometiese un pequeño error para abalancarse sobre mí, acechando y atacando cual depredador. Primero no me dio tiempo a sacar a Conde, que hizo sus necesidades en el rellano de una señora. La mujer se puso histérica y el pobre animal, confuso, se enganchó en su pierna y comenzó a darle al tema. No hubiera pasado a mayores de no ser porqué le dejo una desagradable sustancia en el pantalón. Conde se puso más nervioso aún y le mordió en la pierna. 23 puntos de sutura me valió una denuncia y un juicio a la espera.
En la vista previa me acerqué al juez y le metí con disimulo un fajo de billetes en el bolsillo de la toga. Cuando él se dio cuenta actué como tenía pensado.
- ¡Uy! ¿Qué es esto? debe de ser suyo porque yo no lo llevaba, ¿me sigue?
- Siga usted a ese alguacil que está en la puerta.- Contestó el juez.
- ¡Muy bien señor juez! ¿a donde me lleva?.
- Al calabozo, por intento de soborno.
De modo que ahora tengo otro delito más añadido. Espero que todo salga bien. El juicio es dentro de una semana y estoy algo nervioso. Por lo demás todo sigue tranquilo en mi nueva vida, que estoy disfrutando a cada segundo.
Ya os hablé de Celia. Decidí enviar al señor Valmaseda a su casa con una invitación a cenar, el cual por cierto se queja de su empleo. Quizás deba hacerle saber que hay muchos inmigrantes que me cortaría las uñas de los pies por menos dinero del que recibe, de modo que es bueno que cada persona sepa cual es su lugar, él es mi mayordomo, ustedes la clase obrera y yo grande de España. Dicho esto, Valmaseda bajó hasta el piso de la presidenta de la comunidad con una bandeja de plata donde estaba la invitación. Ella aceptó y yo la esperé en el rellano de mi casa. Cuando ella llegó, reluciente a pesar de vestir informal, y después de negar conocer a Marcel, que me saludó en aquel momento y yo le ignoré, ambos entramos en casa.

Mi primera reacción instintiva fue golpearla con una almohada. Celia me tranquilizó, y me dijo que era su abuela, que era una mujer muy clásica y quería que su nieta pudiera vestir de blanco inmáculo el día de su boda, ignorando que Celia hacía mucho tiempo que no era virgen. Así terminó la noche, ella tuvo que irse y yo que arreglar esta mañana la cerradura forzada. Creo que esta futura relación va a ser complicada.
Me está costando sobremanera adaptarme a una casa tan pequeña. Las paredes parecen que en algún momento u otro van a devorarme. Tengo una gran tristeza en lo más hondo de mi corazón. Antes, en la mansión, estaba acostumbrado a levantarme a las seis de la mañana y recorrer cada uno de los pasillos y cada una de las habitaciónes para comprobar que todo estaba en orden. Todo esto me llevaba un mínimo de treinta minutos haciéndolo rápido. Otras veces, me demoraba a conciencia para disfrutar de un paseo casero más largo. El gusto que tenía de ver las caras de adormiladas de las ecuatorianas, que las despertaba una hora antes para que rindieran más y mejor y no pensasen que estaban de vacaciones, las caras adormiladas de las criadas y las caras adormiladas de los demás mayordomos. Todos adormilados menos yo, que vivo y he nacido para mi trabajo.
Ahora, en este pisito, no puedo hacerlo. No hay prácticamente nada que hacer excepto supervisar el trabajo de las ecuatorianas, abrirle la puerta a los invitados de Alex jr y escuchar y reirle los chistes al niño.
Ahora tengo demasiado tiempo libre. Salgo más a la calle. Compro pipas en el kiosko, y me voy al parque a dar de comer a las palomas del parque. Sé que no estoy siendo útil, sé que sigo trabajando en esta familia por pena. Siento que mi vida, en estos momentos, está completamente vacía. Soy la sombra del que fui. Estoy desolado. Perdonadme.
Valmaseda.
Siempre he sido muy generoso con la fortuna que el destino me ha querido regalar. Me he movido en diferentes ONGs y he puesto mi granito de arena por un mundo más humano. Recuerdo que cuando tenía doce años, de la paga de semanal, apadriné a un niño, que no recuerdo bien si era de Gran Canarias o del Perú, lo cual me hizo muy feliz.

Le hice un hueco en mi agenda, pero Slovenka cumplió ya 18 años, encontró trabajo como modelo y mi apadrinaje había concluído. Yo le escribí diciéndole que no me importaba seguir enviándole un euro al día pero no me contestó. Estuve aportando dinero para una organización de ayuda a enfermos terminales, a los cuales visitaba a menudo. En una de estas visitas, a un hombre llamado Pedro, se me quedó el móvil sin batería. Retiré un enchufe de la habitación del hospital y puse el cargador. Al cabo de dos minutos se llevaron a Pedro a cuidados intensivos. Al parecer, había desenchufado su máquina de respiración asistida por equivocación. Después de este incidente viajé a Somalia. En un pequeño poblado dí un emotivo e inspirado discurso.
"El sistema, totalmente corrupto, de la política somalí hace que estas pobres personas tengan que malvivir trabajando la tierra sin descanso. No entiendo como el gobierno del país permite que vivan en estas chozas, que apestan como mil demonios, y que vistan estos andrajosos harapos. Que no tengan agua para poder ducharse, y tengan un olor que echan para atrás. Estas pobres víctimas del sistema merecen algo más que la desgraciada vida que llevan..."
Aún no entiendo por qué comenzaron a tirarme piedras y a perseguirme por la jungla con antorchas en las manos. A pesar de todos estos contratiempos sigo luchando por un mundo más justo, donde todos seamos hermanos de una maldita vez.
Ayer coincidí en el ascensor con Javier Montes. Nos saludamos tímidamente y miramos cada uno hacía la puerta abierta del ascensor. Como no nos movíamos, alargué la mano para presionar el botón de la planta baja, lo cual también hizo él, y durante un momento no nos poníamos de acuerdo en quien iba a accionar el ascensor. Finalmente le dí al botón y empezó el descenso. No articulamos palabra hasta casi el final del trayecto y yo hice una llamada al móvil. "Perdona, perdí los nervios la otra noche" dijo el sargento "Gracias por no denunciar, veo que no eres como los demás maricas de la comunidad, eso es bueno". Yo detuve la llamada que estaba haciendo a la policía y le dije con voz entrecortada "...de nada...". Una vez abajo, salí del edificio como si necesitara el aire desesperádamente.

Ayer celebré mi independencia con una fiesta por todo lo alto. No faltaron mis amigos del club, mis compañeros del Opus, ni por supuesto, mis amigos de la clase de canto gregoriano. Valmaseda iba y venía con bandejas llenas de copas con la habilidad de un equilibrista. Le dí la tarde libre a Manila y Zuleira, que en aquel momento estarían perreando en alguna discoteca o enviándo dinero a sus familiares de Quito, como son sus costumbres. Luego se quejan de que no les llegan los cuatrocientos cincuenta euros que les doy a cada una, hay que saber ahorrar. Tampoco faltaron Marta y sus compañeras de oficio.

Me dijo cortésmente que apagara la música y yo cortésmente le cerré la puerta. Menos de diez minutos después volvió a llamar. Cuando abrí la puerta me dio, ya no tan cortés, un golpe en la nariz con la culata de una escopeta y apuntó, cuando yo estaba en el suelo, al equipo de música, disparando su ensordecedor fúsil. Así terminó la fiesta, y yo tuve la sensación de haberme ganado un enemigo nada más mudarme a la comunidad.
A la mañana siguiente me dijeron que se llamaba Javier Montes, alias el sargento, ex-militar veterano de la guerra de los Balcanes. Su afición era coleccionar armas, y aunque no pagaba la comunidad desde hacía seis meses, nadie le había llamado la atención. Esta mañana me ha despertado la música clásica que según parece le "tranquiliza" un poco, sin embargo, esta mañana yo he tenido miedo.
Quizás me esté precipitando. Quizás aún sea muy pronto, pero soy muy impulsivo y a menudo tomo decisiones arriesgadas. Quizás me equivoque, pero creo que ya estoy preparado para volar del nido. Tengo 29 años, y creo que puedo emprender mi camino en solitario por los senderos de la vida. Estoy organizando la mudanza a un sencillo piso del centro, de 182 metros cuadrados. Un hogar muy acogedor pero espero que no me agobien el peso de sus paredes. Tuve una discusión con mis padres que aceleró el proceso de emancipación. Ellos no quieren que me vaya, y yo les he dicho que los visitaré a menudo, de hecho tengo que visitarlos una vez por semana de todas formas para recoger mi paga, pero seguían diciendo que no estaba preparado para emanciparme. Mi decisión es firme.
Ayer escogí a varios miembros del servicio para mi nuevo hogar. Como limpiadores elegí a Manila y Zuleira, las todoterrenos de la limpieza, y como mayordomo, obviamente, al señor Valmaseda. Seré vecino de mi amigo Marcos, que vive con su mujer, Rosy, y el abuelo de esta. Hoy comenzó la mudanza. Los camiones de la mudanza cargaron mis efectos personales y lo trasladaron al ático. Olvidaron una serie de cajas que tuve que transportar en mi porsche descapotable, que acabó con los amortiguadores rotos y toda la zona inferior arañada debida a la fricción contra el suelo. He aprendido que un porsche, aunque alcanze una velocidad de 120 km/hora en 8 segundos, es muy ineficaz como transporte de mudanza.
Pero ya me estaba cansando de ese vehículo. Ahora que vivo en el centro tengo que tener un coche más modesto, de modo que he escogido el mercedes SLR para ir por la ciudad. Mi hogar aún no merece tal título, pues aún no han venido a instalarme el jacuzzi, quizás no un artículo de primera necesidad, pero sí importante en todo hogar. Marcos me ha dicho que todos los vecinos son muy agradables, incluso la mujer del síndrome de Diogenes que vive arriba de mí, de manera que estoy tranquilo. Ahora me siento libre como el ave que escapó de su prisión. Y mañana me toca volver a la mansión para recoger la paga.
Hoy voy a hablaros de mi extenso linaje, el linaje de los Viscondes de Fornnings. Siempre hubo un Robles en España.
Eduardo Andrés de Olmedo y Robles Borgoña. (2, Agosto, 1912 - 12, enero, 1998)
Tercer hijo de Felipe y María del Pilar. De carácter tranquilo, desde muy joven buscaba la estabilidad de una buena esposa, lamentablemente encontró a María Antonia. Contrató a Francisco Valmaseda, padre de Hernán Valmaseda, mi actual jefe de mayordomos. Eduardo y María del Pilar tuvieron dos hijos, Fernando y Alejandro Robles senior.
Luis Felipe Alberto Robles y Casar Velázquez. (30, Marzo, 1893 - 6, Junio, 1944)
Hijo primogénito de Alfonso y María Luisa. Estudió la carrera militar en la academia de infantería de Toledo. Allí conoció a un chico un año menor que él, y con el cual compartía habitación. Solía bromear acerca de su pequeño tamaño y le gastaba pesadas bromas. Una de estas consistió en darle de comer aceite de risina poco antes de su jura de bandera, la cual hizo dando de vientre a medida que caminaba bajo el sofocante sol. Luis Felipe viajaría a Francia y no volvería a ver España cuando, años más tarde, aquel muchacho dio un golpe de estado y le dijo "haber quién se caga ahora".

Cuarto hijo de Alberto y Josefina. Enviudó de Josefina a los 48 años, edad en la que viajó a Nueva York para asistir a su entierro, ya que ella murió en tierras Norteamericanas. Mi abuelo tenía miedo a embarcar, por lo que compró un pasaje en el insumergible Royal Mail Steamship Titanic, que partía desde Southampton. En el viaje, según dejó escrito en sus memorias, se enamoró de una mujer de tercera clase. Lamentablemente, en aquel trozo de madera solo cabía uno y Alfonso Robles lo vio primero.
José Manuel Alberto Robles y Torrillo de Asís. (14, Diciembre, 1839 - 21, Mayo, 1889)
Hijo único de Miguel Ángel y Catalina. Estos eran primos, y además, su padre estaba algo desequilibrado, por lo que Jose Manuel nació con ciertas enfermedades como un tic severo. Ante el círculo de la nobleza hizo que su gonorrea también pasara como enfermedad de nacimiento. Fue fuerte y superó la gonorrea, hasta que murió de sífilis.

Fue el primer Robles que se conozca. Desde muy temprana edad mostró rasgos ligeramente sociópatas. El 2 de mayo de 1808, durante el levantamiento, mató a dos franceses en Madrid con el sable de su padre. Una hazaña heróica de no ser porque también mató a dos madrileños. Embarcó en una nave rumbo a las Américas, donde adquirío un rancho y se enriqueció. Compró el título de Visconde de Fornnings y regresó a España como noble en 1832.

Etiquetas: Política, Reflexiones
Esta mañana, mi padre, el ilustre señor Manuel Luis Alejandro de Olmedo y Robles Villa, llamó a Barack Obama para felicitarlo por su reciente victoria en las elecciones de Estados Unidos. Personalmente, y mi padre está de acuerdo conmigo, hubiera querido ver saludar a las masas desde el balcón de la casa blanca a McCain, pero no pudo ser. No olvidemos que Jhon McCain fue un héroe de guerra en Vietnam, tomado prisionero por el enemigo y condecorado con el corazón púrpura. No sé si sere el único, pero veo la actitud de Obama un tanto radical, lo cual puede desestabilizar las relaciones políticas del mundo. Hay quienes lo han tachado de comunista, pero no pretendo tampoco criticar su política pues sería entrar en polémicas absurdas. Esperemos que no olvide las clases altas del país, para no favorecer de manera desproporcional a la clase obrera, pues todos tenemos los mismos derechos.
Estoy convencido de que en las próximas elecciones, McCain y la familia Robles puedan pescar en el río Tenessee como presidente del gobierno y amigos.

El día 6 de enero del año pasado fue un día normal y corriente. Me desperté a las doce, ví Tom y Jerry y envié a Valmaseda a que pagara en la comisaría la fianza para sacar del calabozo a Marcel. Me acerqué a Manila y Zuleira, como cada cierto tiempo, y le dije que iba a despedir al finalizar el mes a una de ellas. De esta manera conseguía que rindieran al 100%, aconsejo que pongáis en prácticas este truquillo. Al poco recibí una llamada de teléfono, y fue aquí donde la rutina cambió. Marcos parecía agitado. Me reuní con él y me comentó que sospechaba que Rosy la engañaba con un torero, porque alguien la había visto en el coche con un tipo que anunciaba relojes. Me dijo que había comprado una lámpara que tenía incorporada una cámara oculta. Marcos aseguró que transmitiría imágenes nítidas cuando el receptor recibiera la señal.
El mundo se divide entre los que comen caviar y los que comen mortadela. Los primeros vivimos la vida, los segundos solo existen. El caviar es escaso, exclusivo y muy caro. La mortadela es abundante, barata y tiene tropezones y gelatina. Por tanto, creo que la humanidad se divide en dos filosofías principales: la filosofía del caviar y la filosofía de la mortadela. A continuación os propongo un sencillo test, para que averigüéis como sois. Cada frase afirmativa vale un punto. Las frases con las que no os identifiquéis vale cero puntos.
1- Paso por un escaparate y me detengo ante un artículo que me cautiva (ropas, joyas, perfumes, y/o cualquier otro artículo) y paso de largo imaginando, al llegar a casa, que lo tengo.
2- Entro en un establecimiento con el dinero justo para comprar un artículo que me gusta y al llegar al estante veo dos o más. Debo elegir uno porque no me llega para todos.
3- Paseo por la calle y veo a un individuo exhibiendo algo caro (joyas, vehículos, rolex, étc.) y lo miro de reojo evitando que ese individuo sepa que lo observo para que no se crea importante o envidiado. Si desea que pierda ese objeto vale dos puntos.
4- En una conversación con amigos y/o conocidos exagero el valor de un objeto. Ejemplo, tengo una piscina hinchable y digo que tengo una piscina climátizada. Tengo cava y digo que tengo Champagne rondel oro. Si el objeto en cuestión no solo es exagerado sino inventado vale dos puntos.
5- Un conocido me cuenta anécdotas y/o datos sobre un viaje a Fijis, Riviera maya o cualquier lugar exótico y yo se lo cuento a un amigo como si el viajero fuera yo mismo.
6- Voy a un local, club, pub, o cualquier otro lugar de ocio y me abstengo de consumir diciendo que no me apetece aunque en realidad no sea así.
7- Compro y utilizo artículos de cualquier tipo (zapatos, vestidos o trajes, relojes. étc) de imitación y los hago pasar como auténticos ante mis amigos, aunque el jinete de Ralph Lauren tenga un bate de beisbol en lugar de un palo de polo, o el cocodrilo de Lacoste se esté despegándo. Si es demasiado cantoso vale dos puntos.
8- Compro mortadela, me aprovecho de los "dos por uno" y los "tres por dos", consulto con frecuencia mi saldo de puntos en el supermercado y consumo productos de marca "hacendado".
9- Hago la Quiniela, compro cupones de la ONCE, étc. Participo en sorteos de este tipo con la esperanza de que canten mi número y así cambiar de vida.
10- Tengo jefe, me humilla y/o sobre-explota, y aún así tengo que esforzarme y lanzarle una sonrisa. Si el grado de humillación es elevado vale dos puntos.
Suma los puntos obtenidos y espera la respuesta dentro de un par de entradas. Suerte.
"Advertencia; si no eres sincero en la suma de puntos alterarás el resultado del test".
A la señora Flores se le acumulaba el trabajo. Es la mujer de Valmaseda, y se encargaba de la limpieza y el orden en la mansión. Pero sus articulaciones se endurecían, y aunque le dabamos esteroides anabolizantes a escondidas en el desayuno no podía limpiar y ordenar ella sola toda la mansión. De hecho solo sirvió para esto.
En la foto, la señora Flores en el verano del 96.
Entonces mi padre me encargó que buscara a dos empleados para las tareas domésticas. Casualmente, una noche llegaron a la mansión dos ecuatorianas vendiendo rosas. La mayor se llamaba Manila, la joven era su sobrina Zuleira. Les dije que estaba buscando personal de limpieza y ellas se ofrecieron encantadas para trabajar en la mansión. Ya no están tan encantadas, pero siguen trabajando con nosotros a día de hoy. Cogí un paño húmedo y les froté la cara con fuerza, luego me dí cuenta de que era su color de piel y les dí las instrucciones oportunas. Manila y Zuleira son todoterrenos de la limpieza. Viven con nosotros, en la habitación de Conde, estancia muy cómoda siempre y cuando, claro está, no lo molesten. Manila resultó herida en el asalto a la mansión, pero afortunadamente se recuperó, y mantiene en orden nuestro sencillo hogar.
Abajo, foto de la señora Flores en el verano del 2004.

Mi padre trabajaba en la empresa de vinos que creo haber mencionado ya en alguna ocasión, y cuando tenía diez u once años de edad se trasladó a las oficinas de Madrid, para gestionar y dirigir el negocio junto a su hermano Fernando. Había dejado atrás la mansión de la familia y aquel apartamento de tres plantas y piscina sin climatizar era insoportable. Entonces decidí un buen día dar un paseo por las calles de aquella, para mí, desconocida ciudad. Mis pasos me llevaron a Carabanchel, donde conocí a Samuel, el niño con el chándal de rayas.
En la actualidad, su aspecto desaliñado, sus chándals Nike, y sus horteradas de oro colgándole del cuerpo me habrían rechazado de pleno, pero en aquella época era ingenuo y jugué con él como si fuera un igual. Me llevó a su chabola, donde conocí a sus trece hermanos, y todos juntos jugamos a atracar a las ancianas a punta de navaja. Fue muy divertido. Pero mi padre se preocupó cuando me pilló escuchando al Tijeritas.
- ¿ Qué estás escuchando ?. Me preguntó con la mosca en la oreja (en sentido figurativo, no como las moscas que tenía en la oreja Samuel)
- Esto... estaba... no es lo que parece papá. Dije cuando me vio el cd del Tijeritas entre las manos.
Mi padre descubrió la amistad que me unía al pequeño salvaje y me prohibió volver a verlo. Pasó el tiempo y volvíamos a la mansión. Entonces decidí escabullirme e ir a Carabanchel para despedirme de Samuel.
- Mi padre dice que tenemos que ser enemigos. Le dije al niño con el chándal de rayas. - Pero seremos amigos para siempre.
Cuando me regresé a la mansión me quedé triste, al menos, hasta que mi padre me compró la Supernintendo.
Hace más de diez años, cuando Alex tenía unos dieciseis o diecisiete años, le contaba cuentos todas las noches a las nueve cuando iba a la cama. Su padre siempre me lo encargaba, pues conmigo siempre acababa dormido. Además de eso, reflexionábamos y opinábamos sobre la vida, sobre las personas y sobre las cosas.
Yo le hablaba sobre la belleza interior. Él al ser tan pequeño no lo comprendía, y decía que de eso no se fiaba porque "la belleza interior no es tangible", y que prefería a una chica guapa porque tenia algo bello seguro. Yo le decía que, muchas veces, las personas eran transparentes y que podías ver todo el amor en su corazón. Y que, al fin y al cabo, el físico se deteriora con los años.
Para hacerle entrar en razón, yo le ponía casi todos los fines de semana, que era cuando no tenía deberes del colegio, la película "La bella y la bestia". Esto debió de funcionar, pues le encantó, colocando la película entre sus favoritas de su colección de Walt Dysney.
Gracias a mí, Alex Jr,ha aprendido que en la vida hay que tener unos valores. Gracias a mí no se ha convertido en un ser superficial.
Veo que tengo lectores más o menos fijos, lo cual agradezco pues me halaga el interés que otras gentes puedan tener en mi vida personal, tan monótona y anodina. De modo que he decidido dedicar un pequeño espacio a agradecer a estos fieles lectores su interés.
El primero de ellos es "Pots" (me comentó en esta entrada) de nombre desconocido y que se define en su blog como un "boy escout corrupto" y viene de "Alicante; Camerún". Obviamente Dios no le dotó de excesivo sentido del humor aunque lo compensó dándole demasiado tiempo libre, de manera que mezclando poco sentido del humor más tiempo libre, por carencias intelectivas, tenemos la ecuación perfecta que da como resultado a nuestro lector elegido para esta entrada. Pots además nos muestra su gran originalidad en una entrada dedicada a Steven Seagal donde pone una serie de fotografías iguales del actor donde coloca, debajo de cada una, el estado de ánimo correspondiente, aunque lamento que en una web se le adelantaran con, exactamente el mismo estilo, Chuck Norris. Esto debió parecerle gracioso a Valmaseda pues llegó incluso a escribirle. Creo que le voy a despedir.
Nos deja todo tipo de lindezas, como que habla swahili y otra serie de lenguas exóticas buscadas en el Google, en un último intento de parecer rompedor y mordaz, aunque seguramente tenga que buscar el significado de estas palabras si lee esta entrada.
Postea además todos los días, por lo cual podemos intuir que tipo de vida lleva. Hablé hace poco con él y me dijo que siendo repartidor de pizzas es lo que tiene, que conoce a poca gente y los sábados por la noche se queda en su casa escribiendo, cosa que no entiendo del todo pués podría pintar un poco con acuarela o hacer algo adecuado a su edad mental como un collar de macarrones. Querido lector, pongo además la foto que me mandaste, en la que sale más favorecido de las cinco que me pasaste. Saludos fiel lector, y al resto.
Toda historia tiene un final. Después de un mes de relación, si se le puede llamar de ese modo, llegó el momento en que debía contraer matrimonio con Rosy. Debíamos pagar aún muchas deudas, pero no míseras deudas de solo dos millones de pesetas como teneis ustedes. Estabamos en bancarrota y a punto del embargo. Me reuní con Rosy y respiré profundo.

No siempre hemos sido ricos, hace un par de años tuvimos serios apuros a causa de un negocio que quebró y no se qué problema fiscal con sobornos y recalificaciones, el caso es que nos vimos en serios apuros que estuvieron a punto de desestabilizar nuestra posición económica. Mi madre desesperada me hizo una petición. Había una joven de la alta nobleza de Francia que estaba soltera, si accedía a casarme con ella se solucionarían rapidamente nuestros problemas económicos. Mi madre me dijo que tenía más o menos mi edad, es decir, 27 años por entonces, y ya todo me dio mala espina. Una mujer de la alta nobleza que a los 27 años no estaba casada debía ser por algo. Mi madre dijo que la conociera en la fiesta del Verano.
Las fiestas de la alta nobleza me aburren. En cierto modo me gusta más rodearme de "nuevos ricos" que de aristócratas. Quizás sea por mi naturaleza humilde (no penseís mal, no soy un nuevo rico) pero me gusta más la sencillez de esa clase que la extrema protocolaria de los nobles. El día 22 de septiembre se celebra en Austria una fiesta a la que suele acudir la nobleza europea, se trata de la fiesta de verano, que pone fin a esta estación del año, y que me aburre de gran manera. Mi abuela tiene impedida la entrada, desde que un año comenzó a bailar desnuda en el gran salón, fruto de su demencia. Allí conocí a Rosseum de Capagne, Rosy para los amigos, la chica francesa de la que me habló mi madre. Entonces comprendí el por qué de su soltería.El primer sentimiento que me recorrió el cuerpo fue compasión. Era de la más distinguida nobleza de Francia y siglos y siglos de incesto entre sus antepasados habían hecho mella en su aspecto físico sin duda. Intenté pensar en cosas positivas mientras me acercaba a ella para cortejarla, como que debía ver su belleza interior, pero cuando me sonrió abriendo aquella boca pude ver que su interior era igualmente horrible, y peor aún, olía peste. Sin embargo fuí fuerte y la saqué a pasear por los jardines del palacio austríaco. Me persigné, temeroso de Dios, por pasear con aquel anticristo y le besé en los labios. Sentí muchas cosas cuando la besé, aunque no nos engañemos, ninguna fueron buenas y me dio su dirección en Francia. "Todo sea por el buen nombre de mí familia" pensé, y accedí a salir con ella.
La historia continuará en otro momento...
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Esto ocurrió hace ya algunos años, siete creo, y en aquella época vimos con tristeza como la vida se escapaba de la abuela María Antonia (luego vimos con más tristeza aún como se recuperaba, y vive a día de hoy, después de siete años, en la mansión de la familia). Mi padre descubrió que la fortuna de la abuela no tenía beneficiario por lo que la sacó de la residencia donde estaba y la instaló en casa. Hacía tres años que mi padre internó a la abuela en la residencia, en ese tiempo he de reconocer que no la visitó muy a menudo, creo que la última vez que puso el pie en la residencia fue el día del ingreso porque no le dejaron firmar el internamiento a través de internet. Pero la familia volvía a estar unida. Sin embargo, y a pesar de su regreso a la mansión, el tío Fernando seguía siendo el preferido de la abuela, y tenía pensado ponerlo de beneficiario de la herencia.
Mi padre me dijo que buscara algún trapo sucio en la casa de Fernando con el objetivo de ganar la antipatía de la abuela. Lo visité con un falso pretexto, y cuando observé que no había vigilancia subí al despacho y miré en todos los cajones del escritorio. No hallando nada me dirigí a su habitación. Lo primero que ví allí fue ropa interior femenina tirada sobre la cama, "Fernando siempre fue el más cabeza loca de la familia, siempre de fiesta en fiesta y relatando con detalle sus innumerables conquistas" pensé "seguro que anoche tuvo fiesta con una guarrilla".
No pude encontrar nada en contra de él por lo que decidí inventarlo. Mi abuela era de mentalidad ligeramente antigüa, no obstante parece que está disecada en lugar de viva, y pensé que si decía que Fernando era homosexual conseguiríamos la herencia.
El resultado fue el esperado, y la abuela llamó a Fernando para expresar su rechazo. Minutos después se presentaría de esta manera.
Dijo que sí, que estaba harto de disimular con sus relatos de macho y que estaba dispuesto a luchar contra el mundo. Entonces comprendí que hacía aquella ropa interior. El tío Fernando no solo era homosexual sino travesti. El éxito era rotundo, de no ser porqué a la abuela no le importó aquello y no cambió sus planes. Ante un notario, María Antonia se puso sus gafas de cerca y examinó cuidadosamente los papeles de la herencia. Solo estaba con ellos mi padre, cabizbajo por lo sucedido. De repente, la abuela se inclinó y le dijo "¿Como se llamaba mi hijo, el que es gay" a lo que respondío mi padre "Ese bastardo se llama Alejandro Robles, mamá, Alejandro Robles".
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Perdonad mi tardanza en volver a escribir, pues en realidad regresé de mis vacaciones hace una semana. Me olvidé por completo del blog y de vosotros pero Valmaseda me recordó que estaba escribiendo mis historias y que esto me ayudaba a auto-conocerme mejor y aquí estoy. Como ya dije, hace poco más de una semana regresé de la riviera maya, donde pasé las últimas dos semanas de mis vacaciones (en estos meses he estado en cuatro países distintos) y me embargó la tristeza al dejar mi suite, que en esta imágen es la de en medio.
En estas vacaciones quise encontrarme a mí mismo, por lo que ascendí a un templo en las montañas de China sin Ipod, Móvil, ni demás ataduras a mi vida material, pero se ve que mi "yo" no estaba allí por lo que esa misma tarde volví al hotel. Fueron los 20 minutos más aburridos de mis vacaciones. En Brasil tampoco me encontré a mí mismo, aunque sí encontré a una mulata exhuberante que me acompañó en mis vacaciones por sudamérica y centroamérica. Opino que eso de encontrarse a uno mismo es una gilipollez inventada para los que están tiesos.
Más adelante os contaré con detalle las cosas que me han sucedido en mis viajes a Brasil, República Dominicana, China y México. De momento solo tengo ánimos para deciros que terminó el verano y comenzó el trabajo, que me absorverá cuatro horas diarias durante cuatro días a la semana. Espero que vuestros trabajos no sean tan pesados. Pero a mi regreso no me olvidé de mi familia y amigos, a los cuales les compré generosos souvenirs. Una colección de perlas marinas de distintos colores a mi madre, una escopeta de la época colonial a mi abuela (por supuesto descargada), una auténtica máscara india de marfil para mi padre, un cofre de bronce y perlas a mi mayordomo y amigo Valmaseda y un mocho de fregona para las ecuatorianas.
Valmaseda.
Aunque parezca que trabajar para los señores Robles y convivir con ellos es un camino de rosas, la realidad es bien distinta. En esta casa hay mucha competencia. La mayor parte de ella es insana. La mayoría de mayordomos es capaz de pasarte por encima pisándote sin ninguna moral.
El mayordomo Huyhua era un joven peruano de treinta y pocos años que residía en España desde hacía tres meses por entonces hace más dieciocho años. Desde hacía dos meses, trabajaba en esta casa. Al principio se le veía sencillo, servicial, natural y humilde. Perú -quitando a los latin kings y demás cientos de miles de delincuentes- está marcada por su sencillez y su educación rozando la perfección. Quizá haya influído la esclavitud que ha habido siempre en este tipo de paises, y la que aún existe. La gente de allí te habla como si tú fueras su amo, y eso te halaga. Así era Huyhua, un ser adorable, siempre con una sonrisa de oreja a oreja dispuesto a hacerte las cosas más fáciles. Nos hicimos grandes amigos y nos tirábamos largas horas hablando de nuestras costumbres de nuestros países. Me hablaba de su familia: de sus hijos, de su mujer, que quería traerlos cuando reuniera el dinero suficiente... de todo un poco mientras hacíamos nuestros quehaceres en la mansión.
Pero todo cambió cuando lo pillé infraganti limándole las uñas de los pies a Alejandro Robles senior. Huyhua no debía de hacer eso. No era su trabajo, pero lo hizo. Quería llamar la atención y ser el mejor de todos. Quería arrebatarme el primer puesto simbólico que tenía yo en el corazón de esta familia y, de paso, ganarse un dinero extra por el morro, hablando en plata. Quedé perplejo durante unos segundos y él me vio. Me alejé con lágrimas en los ojos de la puerta y medité solo en mi habitación cuando tuve tiempo libre. "Si el jugó sus cartas, ahora el turno de jugarlas yo me toca a mí", me dije a mí mismo pensando en voz baja. Siempre he sido un hombre justo, pacífico y leal, pero lo que me hizo Huyhua fue imperdonable y decidí actuar y pagarle con la misma moneda.
Tenía que idear algo igual de fuerte que lo que me hizo Huyhua, porque como ya he dicho, soy un hombre justo. Así que tuve la brillante idea de coger unos calzoncillos de Alex, que por entonces tenía diez años, y ponerlos en el taller del jardín donde Huyhua hacía trabajos extras. Más tarde avisé a Alejandro Robles senior, y en cólera, denunció a Huyhua por delito de pederastia. Evidentemente ya no lo volví a ver jamás en la mansión.
Valmaseda.
Una vez asistí a una fiesta organizada por mi padre. Celebraba la fusión de su empresa con la de su rival después de que este muriera de un infarto tres semanas atrás. Había ricos, lujos y chicas preciosas, lo que es más o menos mi día a día. En esa fiesta conocí a Carlota, una joven española de origen francés que me presentó mi padre. Guapa, culta y divertida. Tenía todas las cualidades que enamorarían a cualquiera y aunque no soy hombre de una sola mujer caí en sus garras.
Los primeros meses fueron inolvidables. Paseábamos por el parque, sobre una alfombra de hojas secas y amarillas en la tarde otoñal. Pero todo cambió poco después. Carlota se volvió cada vez más distante y esquiva. Ya apenas lo hacíamos, la magia se estaba acabando. Me sentía solo y cogí la agenda de mi padre para llamar a la agencia de señoritas de compañía que solía frecuentar. Rosana fogosa me causó una buena impresión y me decidí a llamarla. Cuando llegó y la ví bajo el arco de la puerta me quedé estupefacto, Rosana fogosa era Carlota.
En ese mismo momento recordé las excusas de Carlota. Las cosas que compraba con mi visa. Al parecer, Carlota tampoco era mujer de un solo hombre.
No suelen gustarme las tradiciones. Repetir cada año con automática exactitud lo mismo llega a cansarme. Pero con las reuniones familiares del 25 de diciembre no me sucede lo mismo. Me encantan. Cuando son las ocho nos movemos con la sincronización de quien parece haberlo ensayado. Subimos al cuarto para amordazar a la abuela María Antonia (ya sabeis por qué), encendemos los 255.000 voltios de nuestro árbol de navidad particular y le damos a las ecuatorianas la noche libre. Eso sí, que no perreen hasta las tantas porque por la mañana hay que limpiar el estropicio de la fiesta.
Invitamos a toda la familia, incluído a mi tío Fernando (ya mencionado), con el cual mi padre no habla excepto en el trabajo, ya que son socios en una de las empresas que heredaron del abuelo. Pero la navidad del 2003 fue distinta. Vimos entrar a un hombre de aspecto desaliñado y yo le dije a mi padre que llamara a seguridad, que se había colado un hippie. Pero el hippie resultó ser el novio de mi hermana Cayetana. Mi padre le tendió la mano como buen caballero pero no pudo ocultar en su mirada indignación y repudia por la elección tan mediocre de mi hermana.
Siempre fue la oveja negra de la familia desde que salió con aquel filólogo que arreglaba aires acondicionados, pero esto fue aún peor. Cayetana y aquel hippie dijeron que se querían, pero no podía permitir que la relación creciera y yo fuera cuñado de un tipo que escuchaba a Manu Chao. Empleé mis artes en hacer que la relación naufragara y finalmente lo conseguí. Mi padre estuvo orgulloso de mí.
Es bueno tener aficiones, aunque sean acorde a vuestro estado adquisitivo. Mi autentica devoción es viajar, conocer otras culturas. He estado en Viti levu, Nueva Caledonia, Riviera Maya, Río de Janeiro, Bora Bora... Tantos lugares que podría hacer mi propio Dutifrí. Con esto no quiero restregaros las infinitas posibilidades que me ofrece mi posición económica, solo compartir mis aficiones con vosotros.
Uno de los viajes fue a Sri-Lanka. Era un enclave maravilloso, playas de arena blanca y aguas transparentes. El cuarto día de estancia me encontraba en la playa cuando olvidé el protector en mi habitación del hotel. Cuando fui a cogerlo note como me llegaba el agua hasta los tobillos, y eso que mi habitación estaba en la tercera planta. Tras aquel viaje, que realicé en el 2004, continué viajando por todo el mundo.
En Tailandia me ocurrió un extraño incidente. También en la playa, se me acercó una niña y le acaricié el pelito. Sus familiares comenzaron a perseguirme por toda la playa alzando cada uno de ellos el palo de la sombrilla. Cada viaje es una aventura, que os detallaré en futuros post.
La vida del abuelo Eduardo se apagó la madrugada del 12 de enero de 1998. Le compramos un ataud de madera de cedro con asas de oro e interior de seda con valor de 24.000 euros. Su último viaje lo hizo en un carro tirado por cuatro corceles negros. Sería incinerado según su última voluntad, y sus cenizas serían arrojadas al rio Guadalquivir. En la ceremonia de la iglesia acudieron todos nuestros parientes. Los más allegados eran sus dos hijos, Fernando y su hermano menor Alejandro senior. También llevamos a la abuela María Antonia, debidamente amordazada por su coprolalia. Mi padre y mi tio habían discutido mucho recientemente por la herencia del abuelo, que se estimaba en dos millones de euros. Vale que mi padre nunca se ocupara de mi abuelo agonizante, pero ¿es eso motivo suficiente para dejarle fuera de la herencia?.
En Sevilla, se procedió a cumplir la última voluntad del abuelo. Mi padre y mi tio arrojaron las cenizas desde un puente al rio sevillano, pero de repente pasó una barca por debajo y todas las cenizas cubrieron a los miembros de la embarcación. Tras este desgraciado incidente mi abuelo pudo descansar en paz. Pero aún estaba el tema de la herencia. Tras una acalorada discusión entre mi padre y mi tio llegó el fideicomisario con la voluntad del abuelo. Donaba toda la fortuna íntegra a una asociación benéfica, y añadía como despedida "Sois unos hijos de puta".
Aún no comprendo como pudo ser tan egoísta como para privar a sus hijos y nietos de la herencia para donar el dinero a unos desconocidos.
Hay cinco delincuentes que desearían volver atras en el tiempo para no revivir la noche en que asaltaron la casa de los Robles.
Fue una lluviosa noche de otoño. Manila, la sirvienta ecuatoriana que tantas veces he mencionado, se encontraba ordenando la parte exterior del cobertizo en el jardín bajo la lluvia torrencial. No penséis que somos inhumanos, antes de mandarle al exterior aquella noche le dimos una aspirina complex para disminuir las posibilidades de que se constipara. De repente vio a cinco encapuchados saltar la muralla, que debía estar electrificada como siempre, pero esa noche por motivos desconocidos estaba desconectada. Manila intentó huir, pero sus piernas evidentemente eran muy cortitas, y los asaltantes la atraparon y ataron a un árbol. Sin embargo, Manila gritó alertándonos de la intrusión y todos nos pusimos en guardia. Mi padre llamó a la policía (ya que las alarmas se encontraban desconectadas) y yo envié a Valmaseda a que luchara contra los encapuchados. Recibió una fuerte paliza, pero fue un acto heróico.
El sonido de las sirenas de la policía provocó la huída de los asaltantes. Yo corrí hacía la habitación de Conde, que naturalmente esa noche no estaba en el exterior para evitar que se constipara, y lo exhorté a que atacara. Conde fue tras ellos, pero de repente giró y comenzó a morder a Manila, que seguía atada al árbol. La seguridad privada de mi padre hizo acto de aparición pero yo ordené que dejara marchar a los encapuchados, que comenzaron a escalar la muralla exterior. Justo en ese momento accioné el sistema de electrificación y recibieron una potente y merecida descarga.
Valmaseda se recuperó poco a poco de sus heridas y la señora ecuatoriana hizo gala de una enorme fuerza cuando comenzó a trabajar dos semanas después del ataque de Conde, a pesar de lo feo de sus heridas. Quizás el hecho de que no podíamos pagarle la baja le ayudó a recuperarse mucho más pronto de sus heridas. Ese es mi fallo, me gana el corazón.
No es un día como otro cualquiera de otra persona. Vivir aquí cada día es siempre especial. Me levanto cada mañana a las siete menos cuarto. Paso lista al servicio. Y recorro toda la casa para comprobar que todo anda bien.
Empiezo por la habitación de los mayordomos. Salen siempre con caras amables: es un requisito importante para trabajar aquí: hay que tener buena cara, hasta en los momentos más difíciles. Voy luego por la habitación de las empleadas del hogar. Se supone que tienen que levantarse a las siete y cuarto, pero yo las levanto antes para que se espabilen más pronto. Luego bajo al sótano donde está el jardinero. Y por último, voy a la habitación de Conde, para despertar a las señoras ecuatorianas. Trato de hacer esto último, para no molestar a Conde tan temprano. Por eso intento demorarme todo lo que pueda. Es un animal noble cuando se le trata bien.
Los empleados ya despiertos y yo, tenemos que dejar el hogar limpio y reluciente antes de las ocho de la mañana. En casi menos de una hora lo conseguimos con duro esfuerzo. Esto se nota desde que estan las dos señoras ecuatorianas: Manila y Zuleira (sobrina de Manila). Tienen un ritmo de trabajo potente. Son un poco de todo: limpian, friegan, sirven, cuidan a los más pequeños de los invitados...
Muchos de los empleados tienen la carrera de derecho, Bellas artes y filología inglesa (esto último lo tengo yo). Por eso quiero dar ejemplo a todos estos jóvenes que no quieren estudiar. Estudiar te soluciona la vida. Como tengo solucionada la vida yo y todos los que trabajan aquí. Si estudia, joven, usted podrá llegar tan alto como hemos llegado nosotros.
Un saludo.
Mayordomo Valmaseda.
P.D. No pude entrar con mi cuenta. Así que pedí la del señor Alejandro Jr que amablemente me ofreció,
Nada más pasar por el recibidor te encuentras con su mirada. Sus fríos ojos grises se clavan en tus ojos y te corta el aliento. Es solo un cuadro, el retrato de mi abuela María Antonia, que cuelga de la pared de la gran escalinata.
Mi abuela tiene alrededor de 95 años o más y vive en la misma mansión donde ha vivido desde hace casi un siglo, mi casa. Está algo incapacitada, sufre de coprolalia, una extraña alteración psicológica que le hace proferir constantemente insultos, y vive postrada en la cama desde hace años, que le recetaron calmantes de gran potencia. La razón de esto último se debe a que toma pastillas para controlar la coprolalia que le provocan graves alucinaciones, por lo que se le suministran los calmantes para contrarrestar sus efectos. Una vez se levantó de la cama empuñando la escopeta que había pertenecido a mi abuelo y nos amenazó con ella para que abandonaramos la casa. Mi padre dijo que no nos preocuparamos, que el arma tenía más de cien años y no podía funcionar. Acto seguido comenzó a perseguirnos por la casa disparando el rifle a matar. Después nos dimos cuenta de que no tomaba las alucinógenas desde hacía semanas.
Como habeis podido comprobar no es una persona realmente agradable. Ya no se ve deambulando por la casa desde que toma los calmantes, pero a veces se oyen sus insultos y maldiciones cuando hay calma. Valmaseda le lleva la comida y la cena a la habitación todos los días, y todos los días mi padre le pregunta si ya ha muerto. Pasan los años y parecen importarle poco porque goza de la misma salud que hace veinte años. Una vez traje a una novia para que la conociera y esta fue su reacción.
Pero no podemos deshacernos de ella porque su herencia es de vital importancia para nuestro patrimonio, por lo que rogamos cada día que Dios le dee descanso a su constante sufrimiento.