Estoy descubriendo muchas cosas con Celia, no obstante, es la primera vez que salgo con una persona que no pertenece a la aristocrácia, sin contar obviamente a Carlota. Hace unos días me llevó a un Mcdonalds. Realmente no me gustó la experiencia pero tan poco estuvo tan mal como lo pintaba mi madre. La comida tenía buen sabor aunque el servicio era pésimo. El que despachaba se rió de mí cuando le dije que quería acompañar la hamburguesa con un Rioja gran reserva, y yo pensé, más me rio yo de tí por tener que trabajar entres grasas 10 horas diárias. Mesas y sillas de colores, parecía un restaurante para niños pequeños y/o subnormales. Veía a toda esa gente comiendo hamburguesas y las compadecí, nunca sabrán lo que es comer en un restaurante de verdad. Lamento si alguien se ha sentido ofendido.
He cogido un autobús, también por primera vez en mi vida, y aún estoy descubriendo cosas nuevas, que había visto muchas veces pero no había experimentado. Sin embargo, al llegar cada día a casa después de una cita con Celia tengo extraños temores, que me acompañan a la cama cuando apago la luz. ¿Me estoy convirtiendo en un burgués, o peor aún, en un hidalgo? Es entonces cuando me replanteo mi relación con Celia. Mientras tanto estoy a la espera de juicio, y por si fuera poco, la del síndrome de Diógenes sigue almacenando mierda en su palomera, por llamarla de alguna manera porque las palomas están todas muertas.
Estos últimos días han sido intensos. Estoy conociendo a Celia y parece que la cosa promete, aunque estoy metido en un pleito con los vecinos por un incidente que tuvo lugar el lunes. La mañana comenzó como corresponde a cualquier lunes de mi nueva vida. Me desperté y visité a mis padres para que me dieran la paga. Mis padres están divorciados pero su relación es tan cordial que incluso viven en el mismo hogar. Cuando fui, mi madre y mi padre estaban sentados viendo la televisión. Le pedí la paga a mi madre y me dijo.
- Dile al inútil de tu padre que este mes no me ha pasado la pensión por daños psicológicos que dictaminó el juez, y que sea pronto porque quiero invitar a Alfonso (el jardinero) a una escapada a la sierra.
- Dile a tu madre que no me parece bien que paguemos a un jardinero que no hace su trabajo.
- Pregúntale a tu padre por qué da por hecho de que no hace bien su trabajo. Y de camino dile que esta semana te de él la paga, que su cartera es lo único que le crece últimamente.
Les dejé hablar y me marché.
Me traje a Conde, mi doberman, al piso para estar con él todo el día y aquí me dí cuenta del poco aprecio, envidia quizás sea la palabra adecuada, que me tienen mis vecinos. Parece que durante los 14 días que llevo viviendo en la comunidad me estuvieran observando, esperando que cometiese un pequeño error para abalancarse sobre mí, acechando y atacando cual depredador. Primero no me dio tiempo a sacar a Conde, que hizo sus necesidades en el rellano de una señora. La mujer se puso histérica y el pobre animal, confuso, se enganchó en su pierna y comenzó a darle al tema. No hubiera pasado a mayores de no ser porqué le dejo una desagradable sustancia en el pantalón. Conde se puso más nervioso aún y le mordió en la pierna. 23 puntos de sutura me valió una denuncia y un juicio a la espera.
En la vista previa me acerqué al juez y le metí con disimulo un fajo de billetes en el bolsillo de la toga. Cuando él se dio cuenta actué como tenía pensado.
- ¡Uy! ¿Qué es esto? debe de ser suyo porque yo no lo llevaba, ¿me sigue?
- Siga usted a ese alguacil que está en la puerta.- Contestó el juez.
- ¡Muy bien señor juez! ¿a donde me lleva?.
- Al calabozo, por intento de soborno.
De modo que ahora tengo otro delito más añadido. Espero que todo salga bien. El juicio es dentro de una semana y estoy algo nervioso. Por lo demás todo sigue tranquilo en mi nueva vida, que estoy disfrutando a cada segundo.
Ya os hablé de Celia. Decidí enviar al señor Valmaseda a su casa con una invitación a cenar, el cual por cierto se queja de su empleo. Quizás deba hacerle saber que hay muchos inmigrantes que me cortaría las uñas de los pies por menos dinero del que recibe, de modo que es bueno que cada persona sepa cual es su lugar, él es mi mayordomo, ustedes la clase obrera y yo grande de España. Dicho esto, Valmaseda bajó hasta el piso de la presidenta de la comunidad con una bandeja de plata donde estaba la invitación. Ella aceptó y yo la esperé en el rellano de mi casa. Cuando ella llegó, reluciente a pesar de vestir informal, y después de negar conocer a Marcel, que me saludó en aquel momento y yo le ignoré, ambos entramos en casa.

Mi primera reacción instintiva fue golpearla con una almohada. Celia me tranquilizó, y me dijo que era su abuela, que era una mujer muy clásica y quería que su nieta pudiera vestir de blanco inmáculo el día de su boda, ignorando que Celia hacía mucho tiempo que no era virgen. Así terminó la noche, ella tuvo que irse y yo que arreglar esta mañana la cerradura forzada. Creo que esta futura relación va a ser complicada.
Me está costando sobremanera adaptarme a una casa tan pequeña. Las paredes parecen que en algún momento u otro van a devorarme. Tengo una gran tristeza en lo más hondo de mi corazón. Antes, en la mansión, estaba acostumbrado a levantarme a las seis de la mañana y recorrer cada uno de los pasillos y cada una de las habitaciónes para comprobar que todo estaba en orden. Todo esto me llevaba un mínimo de treinta minutos haciéndolo rápido. Otras veces, me demoraba a conciencia para disfrutar de un paseo casero más largo. El gusto que tenía de ver las caras de adormiladas de las ecuatorianas, que las despertaba una hora antes para que rindieran más y mejor y no pensasen que estaban de vacaciones, las caras adormiladas de las criadas y las caras adormiladas de los demás mayordomos. Todos adormilados menos yo, que vivo y he nacido para mi trabajo.
Ahora, en este pisito, no puedo hacerlo. No hay prácticamente nada que hacer excepto supervisar el trabajo de las ecuatorianas, abrirle la puerta a los invitados de Alex jr y escuchar y reirle los chistes al niño.
Ahora tengo demasiado tiempo libre. Salgo más a la calle. Compro pipas en el kiosko, y me voy al parque a dar de comer a las palomas del parque. Sé que no estoy siendo útil, sé que sigo trabajando en esta familia por pena. Siento que mi vida, en estos momentos, está completamente vacía. Soy la sombra del que fui. Estoy desolado. Perdonadme.
Valmaseda.
Siempre he sido muy generoso con la fortuna que el destino me ha querido regalar. Me he movido en diferentes ONGs y he puesto mi granito de arena por un mundo más humano. Recuerdo que cuando tenía doce años, de la paga de semanal, apadriné a un niño, que no recuerdo bien si era de Gran Canarias o del Perú, lo cual me hizo muy feliz.

Le hice un hueco en mi agenda, pero Slovenka cumplió ya 18 años, encontró trabajo como modelo y mi apadrinaje había concluído. Yo le escribí diciéndole que no me importaba seguir enviándole un euro al día pero no me contestó. Estuve aportando dinero para una organización de ayuda a enfermos terminales, a los cuales visitaba a menudo. En una de estas visitas, a un hombre llamado Pedro, se me quedó el móvil sin batería. Retiré un enchufe de la habitación del hospital y puse el cargador. Al cabo de dos minutos se llevaron a Pedro a cuidados intensivos. Al parecer, había desenchufado su máquina de respiración asistida por equivocación. Después de este incidente viajé a Somalia. En un pequeño poblado dí un emotivo e inspirado discurso.
"El sistema, totalmente corrupto, de la política somalí hace que estas pobres personas tengan que malvivir trabajando la tierra sin descanso. No entiendo como el gobierno del país permite que vivan en estas chozas, que apestan como mil demonios, y que vistan estos andrajosos harapos. Que no tengan agua para poder ducharse, y tengan un olor que echan para atrás. Estas pobres víctimas del sistema merecen algo más que la desgraciada vida que llevan..."
Aún no entiendo por qué comenzaron a tirarme piedras y a perseguirme por la jungla con antorchas en las manos. A pesar de todos estos contratiempos sigo luchando por un mundo más justo, donde todos seamos hermanos de una maldita vez.
Ayer coincidí en el ascensor con Javier Montes. Nos saludamos tímidamente y miramos cada uno hacía la puerta abierta del ascensor. Como no nos movíamos, alargué la mano para presionar el botón de la planta baja, lo cual también hizo él, y durante un momento no nos poníamos de acuerdo en quien iba a accionar el ascensor. Finalmente le dí al botón y empezó el descenso. No articulamos palabra hasta casi el final del trayecto y yo hice una llamada al móvil. "Perdona, perdí los nervios la otra noche" dijo el sargento "Gracias por no denunciar, veo que no eres como los demás maricas de la comunidad, eso es bueno". Yo detuve la llamada que estaba haciendo a la policía y le dije con voz entrecortada "...de nada...". Una vez abajo, salí del edificio como si necesitara el aire desesperádamente.

Ayer celebré mi independencia con una fiesta por todo lo alto. No faltaron mis amigos del club, mis compañeros del Opus, ni por supuesto, mis amigos de la clase de canto gregoriano. Valmaseda iba y venía con bandejas llenas de copas con la habilidad de un equilibrista. Le dí la tarde libre a Manila y Zuleira, que en aquel momento estarían perreando en alguna discoteca o enviándo dinero a sus familiares de Quito, como son sus costumbres. Luego se quejan de que no les llegan los cuatrocientos cincuenta euros que les doy a cada una, hay que saber ahorrar. Tampoco faltaron Marta y sus compañeras de oficio.

Me dijo cortésmente que apagara la música y yo cortésmente le cerré la puerta. Menos de diez minutos después volvió a llamar. Cuando abrí la puerta me dio, ya no tan cortés, un golpe en la nariz con la culata de una escopeta y apuntó, cuando yo estaba en el suelo, al equipo de música, disparando su ensordecedor fúsil. Así terminó la fiesta, y yo tuve la sensación de haberme ganado un enemigo nada más mudarme a la comunidad.
A la mañana siguiente me dijeron que se llamaba Javier Montes, alias el sargento, ex-militar veterano de la guerra de los Balcanes. Su afición era coleccionar armas, y aunque no pagaba la comunidad desde hacía seis meses, nadie le había llamado la atención. Esta mañana me ha despertado la música clásica que según parece le "tranquiliza" un poco, sin embargo, esta mañana yo he tenido miedo.
Quizás me esté precipitando. Quizás aún sea muy pronto, pero soy muy impulsivo y a menudo tomo decisiones arriesgadas. Quizás me equivoque, pero creo que ya estoy preparado para volar del nido. Tengo 29 años, y creo que puedo emprender mi camino en solitario por los senderos de la vida. Estoy organizando la mudanza a un sencillo piso del centro, de 182 metros cuadrados. Un hogar muy acogedor pero espero que no me agobien el peso de sus paredes. Tuve una discusión con mis padres que aceleró el proceso de emancipación. Ellos no quieren que me vaya, y yo les he dicho que los visitaré a menudo, de hecho tengo que visitarlos una vez por semana de todas formas para recoger mi paga, pero seguían diciendo que no estaba preparado para emanciparme. Mi decisión es firme.
Ayer escogí a varios miembros del servicio para mi nuevo hogar. Como limpiadores elegí a Manila y Zuleira, las todoterrenos de la limpieza, y como mayordomo, obviamente, al señor Valmaseda. Seré vecino de mi amigo Marcos, que vive con su mujer, Rosy, y el abuelo de esta. Hoy comenzó la mudanza. Los camiones de la mudanza cargaron mis efectos personales y lo trasladaron al ático. Olvidaron una serie de cajas que tuve que transportar en mi porsche descapotable, que acabó con los amortiguadores rotos y toda la zona inferior arañada debida a la fricción contra el suelo. He aprendido que un porsche, aunque alcanze una velocidad de 120 km/hora en 8 segundos, es muy ineficaz como transporte de mudanza.
Pero ya me estaba cansando de ese vehículo. Ahora que vivo en el centro tengo que tener un coche más modesto, de modo que he escogido el mercedes SLR para ir por la ciudad. Mi hogar aún no merece tal título, pues aún no han venido a instalarme el jacuzzi, quizás no un artículo de primera necesidad, pero sí importante en todo hogar. Marcos me ha dicho que todos los vecinos son muy agradables, incluso la mujer del síndrome de Diogenes que vive arriba de mí, de manera que estoy tranquilo. Ahora me siento libre como el ave que escapó de su prisión. Y mañana me toca volver a la mansión para recoger la paga.
Hoy voy a hablaros de mi extenso linaje, el linaje de los Viscondes de Fornnings. Siempre hubo un Robles en España.
Eduardo Andrés de Olmedo y Robles Borgoña. (2, Agosto, 1912 - 12, enero, 1998)
Tercer hijo de Felipe y María del Pilar. De carácter tranquilo, desde muy joven buscaba la estabilidad de una buena esposa, lamentablemente encontró a María Antonia. Contrató a Francisco Valmaseda, padre de Hernán Valmaseda, mi actual jefe de mayordomos. Eduardo y María del Pilar tuvieron dos hijos, Fernando y Alejandro Robles senior.
Luis Felipe Alberto Robles y Casar Velázquez. (30, Marzo, 1893 - 6, Junio, 1944)
Hijo primogénito de Alfonso y María Luisa. Estudió la carrera militar en la academia de infantería de Toledo. Allí conoció a un chico un año menor que él, y con el cual compartía habitación. Solía bromear acerca de su pequeño tamaño y le gastaba pesadas bromas. Una de estas consistió en darle de comer aceite de risina poco antes de su jura de bandera, la cual hizo dando de vientre a medida que caminaba bajo el sofocante sol. Luis Felipe viajaría a Francia y no volvería a ver España cuando, años más tarde, aquel muchacho dio un golpe de estado y le dijo "haber quién se caga ahora".

Cuarto hijo de Alberto y Josefina. Enviudó de Josefina a los 48 años, edad en la que viajó a Nueva York para asistir a su entierro, ya que ella murió en tierras Norteamericanas. Mi abuelo tenía miedo a embarcar, por lo que compró un pasaje en el insumergible Royal Mail Steamship Titanic, que partía desde Southampton. En el viaje, según dejó escrito en sus memorias, se enamoró de una mujer de tercera clase. Lamentablemente, en aquel trozo de madera solo cabía uno y Alfonso Robles lo vio primero.
José Manuel Alberto Robles y Torrillo de Asís. (14, Diciembre, 1839 - 21, Mayo, 1889)
Hijo único de Miguel Ángel y Catalina. Estos eran primos, y además, su padre estaba algo desequilibrado, por lo que Jose Manuel nació con ciertas enfermedades como un tic severo. Ante el círculo de la nobleza hizo que su gonorrea también pasara como enfermedad de nacimiento. Fue fuerte y superó la gonorrea, hasta que murió de sífilis.

Fue el primer Robles que se conozca. Desde muy temprana edad mostró rasgos ligeramente sociópatas. El 2 de mayo de 1808, durante el levantamiento, mató a dos franceses en Madrid con el sable de su padre. Una hazaña heróica de no ser porque también mató a dos madrileños. Embarcó en una nave rumbo a las Américas, donde adquirío un rancho y se enriqueció. Compró el título de Visconde de Fornnings y regresó a España como noble en 1832.

Etiquetas: Política, Reflexiones
Esta mañana, mi padre, el ilustre señor Manuel Luis Alejandro de Olmedo y Robles Villa, llamó a Barack Obama para felicitarlo por su reciente victoria en las elecciones de Estados Unidos. Personalmente, y mi padre está de acuerdo conmigo, hubiera querido ver saludar a las masas desde el balcón de la casa blanca a McCain, pero no pudo ser. No olvidemos que Jhon McCain fue un héroe de guerra en Vietnam, tomado prisionero por el enemigo y condecorado con el corazón púrpura. No sé si sere el único, pero veo la actitud de Obama un tanto radical, lo cual puede desestabilizar las relaciones políticas del mundo. Hay quienes lo han tachado de comunista, pero no pretendo tampoco criticar su política pues sería entrar en polémicas absurdas. Esperemos que no olvide las clases altas del país, para no favorecer de manera desproporcional a la clase obrera, pues todos tenemos los mismos derechos.
Estoy convencido de que en las próximas elecciones, McCain y la familia Robles puedan pescar en el río Tenessee como presidente del gobierno y amigos.

El día 6 de enero del año pasado fue un día normal y corriente. Me desperté a las doce, ví Tom y Jerry y envié a Valmaseda a que pagara en la comisaría la fianza para sacar del calabozo a Marcel. Me acerqué a Manila y Zuleira, como cada cierto tiempo, y le dije que iba a despedir al finalizar el mes a una de ellas. De esta manera conseguía que rindieran al 100%, aconsejo que pongáis en prácticas este truquillo. Al poco recibí una llamada de teléfono, y fue aquí donde la rutina cambió. Marcos parecía agitado. Me reuní con él y me comentó que sospechaba que Rosy la engañaba con un torero, porque alguien la había visto en el coche con un tipo que anunciaba relojes. Me dijo que había comprado una lámpara que tenía incorporada una cámara oculta. Marcos aseguró que transmitiría imágenes nítidas cuando el receptor recibiera la señal.