Hola a todos,
Gracias por los comentarios y mails de apoyo que me habéis mandado. La verdad es que se necesitan mucho en los momentos más bajos. Y estos han sido de los más difíciles de mi vida. Más incluso que cuando perdí a Sofía, mi gran amor, mi diosa griega.
Como agradecimiento a los pocos pero selectos lectores he puesto, con el permiso de Alex, claro está, dueño y señor del blog, su diario personal, un aritilugio muy curioso. Se trata del Top Ten Comentaristas: Los diez lectores que más comentan. Estoy realmente emocionado de contribuir en que se sientan ustedes más unidos y partícipes en el blog.
Un abrazo caluroso. Valmaseda.
Actualizado : El señor Alejandro Robles Junior, no volverá hasta después de navidades.
Esta mañana he coincidido en el ascensor con el vecino del segundo, al cual no conocía, y que se llama Mateo. Me saludó amablemente y le devolví el saludo. Es el único vecino que me ha saludado desde el juicio ya que los demás me giran la cara al pasar o me amenazan diréctamente. De hecho, hasta la señora del síndrome de Diógenes está en mi contra, y a Valmaseda le tiró una lata de atún abierta cuando este se asomó a la ventana para tender. Él parecía ajeno al revuelo que se había formado dos o tres días atrás, y ahora que lo pienso, no estuvo en el juicio. Mientras el ascensor bajaba me miraba parecido a este.

Hablamos distendidamente mientras el ascensor descendía, hasta que salió el tema del juicio, y me comentó que él también había tenido pleitos con la comunidad. Me vino bien un compañero de armas, pues aunque mis vecinos Marcos y Celia no están en mi contra tampoco quieren tomar partido, sobre todo habiendo visto la colección de armas que tiene "el sargento". Estuve con Mateo tomándome un café mientras me decía que le habían hecho la vida imposible durante años para que se fuera del edificio. Entonces tuvo un plan, fingir un asalto con violencia en su casa y denunciar a la comunidad que no tenía medidas de seguridad a pesar de haberse votado en junta. El plan me pareció bueno, pero la mirada de Mateo me seguía inquietando.
Esta misma mañana llevamos a cabo el plan. Arañamos la cerradura para que pareciera que estaba forzada, até a Mateo a una silla, y revolví la casa para que pareciera un robo. Entonces Mateo me dijo que le pegara. Yo dudé en hacerlo pero él seguía insistiendo. Al final le dí un par de golpes. Luego, Mateo me dijo que fuera a su cuarto y que revolviera los cajones de su despacho, donde tenía algunas joyas. Cuando fuí a hacerlo ví en los cajones una serie de denuncias, hechas por la comunidad y que habían sido favorables a esta.
La primera decía que Mateo había cortado los cables de la antena de televisión del edificio argumentando que mediante ella se comunicaban con inteligencias alienígenas. Otra denuncia decía que se atrincheró durante dos días en casa de un vecino mientras le gritaba a las palomas a través de la ventana que dejaran de darle órdenes. Me quedé estupefacto y me fuí de allí tan rápido como pude, con tan mala fortuna que en ese mismo instante en que salía al rellano me crucé con un vecino. Espero que no haya visto que salía de la vivienda de Mateo.
El juicio tuvo lugar ayer. Mi legión de abogados, un ejército de hombres y mujeres uniformados de negro con maletines en sus manos, capaces de hacer creer a cualquier juez que Bin Laden es un simpático árabe, estaba preparada. Le lancé una mirada de intimidación a la vecina que me denunció. Ella me sostuvo la mirada, retadora. Yo sonreí, sabiendo que si mi equipo de abogados fue capaz de absolver a un esquizofrénico por matar a dos monjas en defensa propia esto estaba chupado. Yo no abrí la boca en todo el proceso, mis abogados hablaban por mí cada vez que el juez o el abogado de la acusación (de oficio y con eso lo digo todo) me preguntaban algo. Yo observaba al abogado de la acusación, que empezó el juicio muy fuerte y terminó tartamudeando tanto que el juez estuvo a punto de aplazar el juicio. Parecía que quisiera tirar la toga y saltar por la ventana.

Estoy descubriendo muchas cosas con Celia, no obstante, es la primera vez que salgo con una persona que no pertenece a la aristocrácia, sin contar obviamente a Carlota. Hace unos días me llevó a un Mcdonalds. Realmente no me gustó la experiencia pero tan poco estuvo tan mal como lo pintaba mi madre. La comida tenía buen sabor aunque el servicio era pésimo. El que despachaba se rió de mí cuando le dije que quería acompañar la hamburguesa con un Rioja gran reserva, y yo pensé, más me rio yo de tí por tener que trabajar entres grasas 10 horas diárias. Mesas y sillas de colores, parecía un restaurante para niños pequeños y/o subnormales. Veía a toda esa gente comiendo hamburguesas y las compadecí, nunca sabrán lo que es comer en un restaurante de verdad. Lamento si alguien se ha sentido ofendido.
He cogido un autobús, también por primera vez en mi vida, y aún estoy descubriendo cosas nuevas, que había visto muchas veces pero no había experimentado. Sin embargo, al llegar cada día a casa después de una cita con Celia tengo extraños temores, que me acompañan a la cama cuando apago la luz. ¿Me estoy convirtiendo en un burgués, o peor aún, en un hidalgo? Es entonces cuando me replanteo mi relación con Celia. Mientras tanto estoy a la espera de juicio, y por si fuera poco, la del síndrome de Diógenes sigue almacenando mierda en su palomera, por llamarla de alguna manera porque las palomas están todas muertas.
Estos últimos días han sido intensos. Estoy conociendo a Celia y parece que la cosa promete, aunque estoy metido en un pleito con los vecinos por un incidente que tuvo lugar el lunes. La mañana comenzó como corresponde a cualquier lunes de mi nueva vida. Me desperté y visité a mis padres para que me dieran la paga. Mis padres están divorciados pero su relación es tan cordial que incluso viven en el mismo hogar. Cuando fui, mi madre y mi padre estaban sentados viendo la televisión. Le pedí la paga a mi madre y me dijo.
- Dile al inútil de tu padre que este mes no me ha pasado la pensión por daños psicológicos que dictaminó el juez, y que sea pronto porque quiero invitar a Alfonso (el jardinero) a una escapada a la sierra.
- Dile a tu madre que no me parece bien que paguemos a un jardinero que no hace su trabajo.
- Pregúntale a tu padre por qué da por hecho de que no hace bien su trabajo. Y de camino dile que esta semana te de él la paga, que su cartera es lo único que le crece últimamente.
Les dejé hablar y me marché.
Me traje a Conde, mi doberman, al piso para estar con él todo el día y aquí me dí cuenta del poco aprecio, envidia quizás sea la palabra adecuada, que me tienen mis vecinos. Parece que durante los 14 días que llevo viviendo en la comunidad me estuvieran observando, esperando que cometiese un pequeño error para abalancarse sobre mí, acechando y atacando cual depredador. Primero no me dio tiempo a sacar a Conde, que hizo sus necesidades en el rellano de una señora. La mujer se puso histérica y el pobre animal, confuso, se enganchó en su pierna y comenzó a darle al tema. No hubiera pasado a mayores de no ser porqué le dejo una desagradable sustancia en el pantalón. Conde se puso más nervioso aún y le mordió en la pierna. 23 puntos de sutura me valió una denuncia y un juicio a la espera.
En la vista previa me acerqué al juez y le metí con disimulo un fajo de billetes en el bolsillo de la toga. Cuando él se dio cuenta actué como tenía pensado.
- ¡Uy! ¿Qué es esto? debe de ser suyo porque yo no lo llevaba, ¿me sigue?
- Siga usted a ese alguacil que está en la puerta.- Contestó el juez.
- ¡Muy bien señor juez! ¿a donde me lleva?.
- Al calabozo, por intento de soborno.
De modo que ahora tengo otro delito más añadido. Espero que todo salga bien. El juicio es dentro de una semana y estoy algo nervioso. Por lo demás todo sigue tranquilo en mi nueva vida, que estoy disfrutando a cada segundo.
Ya os hablé de Celia. Decidí enviar al señor Valmaseda a su casa con una invitación a cenar, el cual por cierto se queja de su empleo. Quizás deba hacerle saber que hay muchos inmigrantes que me cortaría las uñas de los pies por menos dinero del que recibe, de modo que es bueno que cada persona sepa cual es su lugar, él es mi mayordomo, ustedes la clase obrera y yo grande de España. Dicho esto, Valmaseda bajó hasta el piso de la presidenta de la comunidad con una bandeja de plata donde estaba la invitación. Ella aceptó y yo la esperé en el rellano de mi casa. Cuando ella llegó, reluciente a pesar de vestir informal, y después de negar conocer a Marcel, que me saludó en aquel momento y yo le ignoré, ambos entramos en casa.

Mi primera reacción instintiva fue golpearla con una almohada. Celia me tranquilizó, y me dijo que era su abuela, que era una mujer muy clásica y quería que su nieta pudiera vestir de blanco inmáculo el día de su boda, ignorando que Celia hacía mucho tiempo que no era virgen. Así terminó la noche, ella tuvo que irse y yo que arreglar esta mañana la cerradura forzada. Creo que esta futura relación va a ser complicada.
Me está costando sobremanera adaptarme a una casa tan pequeña. Las paredes parecen que en algún momento u otro van a devorarme. Tengo una gran tristeza en lo más hondo de mi corazón. Antes, en la mansión, estaba acostumbrado a levantarme a las seis de la mañana y recorrer cada uno de los pasillos y cada una de las habitaciónes para comprobar que todo estaba en orden. Todo esto me llevaba un mínimo de treinta minutos haciéndolo rápido. Otras veces, me demoraba a conciencia para disfrutar de un paseo casero más largo. El gusto que tenía de ver las caras de adormiladas de las ecuatorianas, que las despertaba una hora antes para que rindieran más y mejor y no pensasen que estaban de vacaciones, las caras adormiladas de las criadas y las caras adormiladas de los demás mayordomos. Todos adormilados menos yo, que vivo y he nacido para mi trabajo.
Ahora, en este pisito, no puedo hacerlo. No hay prácticamente nada que hacer excepto supervisar el trabajo de las ecuatorianas, abrirle la puerta a los invitados de Alex jr y escuchar y reirle los chistes al niño.
Ahora tengo demasiado tiempo libre. Salgo más a la calle. Compro pipas en el kiosko, y me voy al parque a dar de comer a las palomas del parque. Sé que no estoy siendo útil, sé que sigo trabajando en esta familia por pena. Siento que mi vida, en estos momentos, está completamente vacía. Soy la sombra del que fui. Estoy desolado. Perdonadme.
Valmaseda.