Diario de... "Un hidalgo"

29/11/08

Estoy descubriendo muchas cosas con Celia, no obstante, es la primera vez que salgo con una persona que no pertenece a la aristocrácia, sin contar obviamente a Carlota. Hace unos días me llevó a un Mcdonalds. Realmente no me gustó la experiencia pero tan poco estuvo tan mal como lo pintaba mi madre. La comida tenía buen sabor aunque el servicio era pésimo. El que despachaba se rió de mí cuando le dije que quería acompañar la hamburguesa con un Rioja gran reserva, y yo pensé, más me rio yo de tí por tener que trabajar entres grasas 10 horas diárias. Mesas y sillas de colores, parecía un restaurante para niños pequeños y/o subnormales. Veía a toda esa gente comiendo hamburguesas y las compadecí, nunca sabrán lo que es comer en un restaurante de verdad. Lamento si alguien se ha sentido ofendido.

He cogido un autobús, también por primera vez en mi vida, y aún estoy descubriendo cosas nuevas, que había visto muchas veces pero no había experimentado. Sin embargo, al llegar cada día a casa después de una cita con Celia tengo extraños temores, que me acompañan a la cama cuando apago la luz. ¿Me estoy convirtiendo en un burgués, o peor aún, en un hidalgo? Es entonces cuando me replanteo mi relación con Celia. Mientras tanto estoy a la espera de juicio, y por si fuera poco, la del síndrome de Diógenes sigue almacenando mierda en su palomera, por llamarla de alguna manera porque las palomas están todas muertas.


Diario de... "Un incidente vecinal"

26/11/08

Estos últimos días han sido intensos. Estoy conociendo a Celia y parece que la cosa promete, aunque estoy metido en un pleito con los vecinos por un incidente que tuvo lugar el lunes. La mañana comenzó como corresponde a cualquier lunes de mi nueva vida. Me desperté y visité a mis padres para que me dieran la paga. Mis padres están divorciados pero su relación es tan cordial que incluso viven en el mismo hogar. Cuando fui, mi madre y mi padre estaban sentados viendo la televisión. Le pedí la paga a mi madre y me dijo.
- Dile al inútil de tu padre que este mes no me ha pasado la pensión por daños psicológicos que dictaminó el juez, y que sea pronto porque quiero invitar a Alfonso (el jardinero) a una escapada a la sierra.
- Dile a tu madre que no me parece bien que paguemos a un jardinero que no hace su trabajo.
- Pregúntale a tu padre por qué da por hecho de que no hace bien su trabajo. Y de camino dile que esta semana te de él la paga, que su cartera es lo único que le crece últimamente.
Les dejé hablar y me marché.

Me traje a Conde, mi doberman, al piso para estar con él todo el día y aquí me dí cuenta del poco aprecio, envidia quizás sea la palabra adecuada, que me tienen mis vecinos. Parece que durante los 14 días que llevo viviendo en la comunidad me estuvieran observando, esperando que cometiese un pequeño error para abalancarse sobre mí, acechando y atacando cual depredador. Primero no me dio tiempo a sacar a Conde, que hizo sus necesidades en el rellano de una señora. La mujer se puso histérica y el pobre animal, confuso, se enganchó en su pierna y comenzó a darle al tema. No hubiera pasado a mayores de no ser porqué le dejo una desagradable sustancia en el pantalón. Conde se puso más nervioso aún y le mordió en la pierna. 23 puntos de sutura me valió una denuncia y un juicio a la espera.

En la vista previa me acerqué al juez y le metí con disimulo un fajo de billetes en el bolsillo de la toga. Cuando él se dio cuenta actué como tenía pensado.
- ¡Uy! ¿Qué es esto? debe de ser suyo porque yo no lo llevaba, ¿me sigue?
- Siga usted a ese alguacil que está en la puerta.- Contestó el juez.
- ¡Muy bien señor juez! ¿a donde me lleva?.
- Al calabozo, por intento de soborno.
De modo que ahora tengo otro delito más añadido. Espero que todo salga bien. El juicio es dentro de una semana y estoy algo nervioso. Por lo demás todo sigue tranquilo en mi nueva vida, que estoy disfrutando a cada segundo.

Diario de... "Una tercera persona"

23/11/08

Ya os hablé de Celia. Decidí enviar al señor Valmaseda a su casa con una invitación a cenar, el cual por cierto se queja de su empleo. Quizás deba hacerle saber que hay muchos inmigrantes que me cortaría las uñas de los pies por menos dinero del que recibe, de modo que es bueno que cada persona sepa cual es su lugar, él es mi mayordomo, ustedes la clase obrera y yo grande de España. Dicho esto, Valmaseda bajó hasta el piso de la presidenta de la comunidad con una bandeja de plata donde estaba la invitación. Ella aceptó y yo la esperé en el rellano de mi casa. Cuando ella llegó, reluciente a pesar de vestir informal, y después de negar conocer a Marcel, que me saludó en aquel momento y yo le ignoré, ambos entramos en casa.

Fue una velada divertida. Los dos charlamos distendidamente a la luz de las velas.

- Me dedico a administrar el holdings de la familia. Ya sabes, que si pongo esto en bolsa, que si pongo aquello en movimiento en Suiza, que si opa arriba opa abajo... . Le comenté a Celia. - Lo que tú y tu familia haceis en el monopoly yo lo hago a lo bestia.

Era un chiste para romper el hielo pero no parecía encontrarle la gracia porque no se rió.

Hablamos de nuestras respectivas casas, y me comentó lo cara que era su hipoteca. Yo seguía intentando romper aquella situación de seriedad creciente.

- Que curioso, tú tienes una hipoteca en un banco y yo tengo un banco, jajaja...

Seguía sin reirse, parecía una chica muy seria. Mi último intento de hacerla reir fue ridiculizando a Valmaseda delante de ella pero aún así no lo conseguí. "Que raro, si todos mis amigos se rien con esto", pensé.

Aunque finalmente logramos conectar. Indudablemente mi carisma hizo mella en su frío aspecto y nos retiramos a mi habitación. Cuando estábamos en el acto escuché un ruido de cerradura, y al encender la luz de la habitación esto fue lo que me encontré.

Mi primera reacción instintiva fue golpearla con una almohada. Celia me tranquilizó, y me dijo que era su abuela, que era una mujer muy clásica y quería que su nieta pudiera vestir de blanco inmáculo el día de su boda, ignorando que Celia hacía mucho tiempo que no era virgen. Así terminó la noche, ella tuvo que irse y yo que arreglar esta mañana la cerradura forzada. Creo que esta futura relación va a ser complicada.

Mi soledad y yo

22/11/08


Me está costando sobremanera adaptarme a una casa tan pequeña. Las paredes parecen que en algún momento u otro van a devorarme. Tengo una gran tristeza en lo más hondo de mi corazón. Antes, en la mansión, estaba acostumbrado a levantarme a las seis de la mañana y recorrer cada uno de los pasillos y cada una de las habitaciónes para comprobar que todo estaba en orden. Todo esto me llevaba un mínimo de treinta minutos haciéndolo rápido. Otras veces, me demoraba a conciencia para disfrutar de un paseo casero más largo. El gusto que tenía de ver las caras de adormiladas de las ecuatorianas, que las despertaba una hora antes para que rindieran más y mejor y no pensasen que estaban de vacaciones, las caras adormiladas de las criadas y las caras adormiladas de los demás mayordomos. Todos adormilados menos yo, que vivo y he nacido para mi trabajo.

Ahora, en este pisito, no puedo hacerlo. No hay prácticamente nada que hacer excepto supervisar el trabajo de las ecuatorianas, abrirle la puerta a los invitados de Alex jr y escuchar y reirle los chistes al niño.

Ahora tengo demasiado tiempo libre. Salgo más a la calle. Compro pipas en el kiosko, y me voy al parque a dar de comer a las palomas del parque. Sé que no estoy siendo útil, sé que sigo trabajando en esta familia por pena. Siento que mi vida, en estos momentos, está completamente vacía. Soy la sombra del que fui. Estoy desolado. Perdonadme.


Valmaseda.

Por un mundo liberado de sus cadenas

19/11/08

Siempre he sido muy generoso con la fortuna que el destino me ha querido regalar. Me he movido en diferentes ONGs y he puesto mi granito de arena por un mundo más humano. Recuerdo que cuando tenía doce años, de la paga de semanal, apadriné a un niño, que no recuerdo bien si era de Gran Canarias o del Perú, lo cual me hizo muy feliz.

Luego apadriné a una niña rumana. La organización me comentó si quería conocerla en persona pero entre los estudios y las fiestas no encontré el momento. Al cabo de unos años, Slovenka, la niña en cuestión, me envió una fotografía.


Le hice un hueco en mi agenda, pero Slovenka cumplió ya 18 años, encontró trabajo como modelo y mi apadrinaje había concluído. Yo le escribí diciéndole que no me importaba seguir enviándole un euro al día pero no me contestó. Estuve aportando dinero para una organización de ayuda a enfermos terminales, a los cuales visitaba a menudo. En una de estas visitas, a un hombre llamado Pedro, se me quedó el móvil sin batería. Retiré un enchufe de la habitación del hospital y puse el cargador. Al cabo de dos minutos se llevaron a Pedro a cuidados intensivos. Al parecer, había desenchufado su máquina de respiración asistida por equivocación. Después de este incidente viajé a Somalia. En un pequeño poblado dí un emotivo e inspirado discurso.

"El sistema, totalmente corrupto, de la política somalí hace que estas pobres personas tengan que malvivir trabajando la tierra sin descanso. No entiendo como el gobierno del país permite que vivan en estas chozas, que apestan como mil demonios, y que vistan estos andrajosos harapos. Que no tengan agua para poder ducharse, y tengan un olor que echan para atrás. Estas pobres víctimas del sistema merecen algo más que la desgraciada vida que llevan..."

Aún no entiendo por qué comenzaron a tirarme piedras y a perseguirme por la jungla con antorchas en las manos. A pesar de todos estos contratiempos sigo luchando por un mundo más justo, donde todos seamos hermanos de una maldita vez.

Diario de... "Una humedad"

16/11/08

Ayer coincidí en el ascensor con Javier Montes. Nos saludamos tímidamente y miramos cada uno hacía la puerta abierta del ascensor. Como no nos movíamos, alargué la mano para presionar el botón de la planta baja, lo cual también hizo él, y durante un momento no nos poníamos de acuerdo en quien iba a accionar el ascensor. Finalmente le dí al botón y empezó el descenso. No articulamos palabra hasta casi el final del trayecto y yo hice una llamada al móvil. "Perdona, perdí los nervios la otra noche" dijo el sargento "Gracias por no denunciar, veo que no eres como los demás maricas de la comunidad, eso es bueno". Yo detuve la llamada que estaba haciendo a la policía y le dije con voz entrecortada "...de nada...". Una vez abajo, salí del edificio como si necesitara el aire desesperádamente.

Hice lo habitual. Desayuné en una cafetería, y me acerqué al kiosko a preguntar si había venido el siguiente fascículo de dedales del mundo y otra vez me dijo que no, que la colección podía terminar por falta de pedidos. Odio que las colecciones terminen a la mitad, sobre todo desde que se me quedó la estanteria de los dvds de El Chavo del 8 a medio terminar. Regresé a mi apartamento, ofuscado, cuando ví con asombro y consternación como unas manchas oscuras se extendían por el techo del salón, justo debajo de la palomera donde vivía Elvira Flores, que no es la mujer de Valmaseda como algunos han comentado, ni tampoco la esposa de Valmaseda está muerta como otros han entendido, aunque esa es otra historia. Mi rabia crecía por momentos.

Dirigí mis pasos al 7º C, donde vive la presidenta de la comunidad, y me quedé enamorado al instante. Estaba justamente en el espectro opuesto al de Rosy, y me puse nervioso como un chaval. Se llama Celia Mena. Me dijo que estaba ocupada y que subiría cuando pudiera a mi piso para intentar solucionar el problema. Ni su agradable aspecto hizo que mi enfado disminuyera, de hecho, aumentó con la evasiva. Después de unas dos horas de espera estaba a punto de estallar. Cuando entró, observó las horribles manchas en el techo. Me dijo que Elvira había sido denunciada por la comunidad en muchas ocasiones, pero la justicia es muy lenta, especialmente en materia de desalojos, y llevaba dos años acumulando basura que una estancia que ni siquiera tiene cédula de habitabilidad. No se solucionó nada y al salir, Celia colmó el vaso de mi paciencia cuando observó que, mi colección de los dvds de El Chavo del 8, estaba sin terminar.

Diario de... "Una fiesta"

14/11/08

Ayer celebré mi independencia con una fiesta por todo lo alto. No faltaron mis amigos del club, mis compañeros del Opus, ni por supuesto, mis amigos de la clase de canto gregoriano. Valmaseda iba y venía con bandejas llenas de copas con la habilidad de un equilibrista. Le dí la tarde libre a Manila y Zuleira, que en aquel momento estarían perreando en alguna discoteca o enviándo dinero a sus familiares de Quito, como son sus costumbres. Luego se quejan de que no les llegan los cuatrocientos cincuenta euros que les doy a cada una, hay que saber ahorrar. Tampoco faltaron Marta y sus compañeras de oficio.

Era una fiesta estupenda. Marcos dijo que era feliz con Rosy, pero yo ví que bebió más de la cuenta. Ciertamente, con la poca luz que había en mi casa, el maquillaje de Rosy y el estado de embriaguez en el que estaba, ví que la francesa tenía un aspecto casi humano. Sobre las cinco llamaron a mi casa. Mucho había tardado el clásico vecino que incordia en todas las fiestas. Cuando abrí me hizo gracia su aspecto. Era bajito y delgado, aunque algo ancho de vientre, pelo canoso e incipiente calvicie. Vestía una cazadora militar y su aspecto era parecido a este.

Me dijo cortésmente que apagara la música y yo cortésmente le cerré la puerta. Menos de diez minutos después volvió a llamar. Cuando abrí la puerta me dio, ya no tan cortés, un golpe en la nariz con la culata de una escopeta y apuntó, cuando yo estaba en el suelo, al equipo de música, disparando su ensordecedor fúsil. Así terminó la fiesta, y yo tuve la sensación de haberme ganado un enemigo nada más mudarme a la comunidad.

A la mañana siguiente me dijeron que se llamaba Javier Montes, alias el sargento, ex-militar veterano de la guerra de los Balcanes. Su afición era coleccionar armas, y aunque no pagaba la comunidad desde hacía seis meses, nadie le había llamado la atención. Esta mañana me ha despertado la música clásica que según parece le "tranquiliza" un poco, sin embargo, esta mañana yo he tenido miedo.