
No siempre hemos sido ricos, hace un par de años tuvimos serios apuros a causa de un negocio que quebró y no se qué problema fiscal con sobornos y recalificaciones, el caso es que nos vimos en serios apuros que estuvieron a punto de desestabilizar nuestra posición económica. Mi madre desesperada me hizo una petición. Había una joven de la alta nobleza de Francia que estaba soltera, si accedía a casarme con ella se solucionarían rapidamente nuestros problemas económicos. Mi madre me dijo que tenía más o menos mi edad, es decir, 27 años por entonces, y ya todo me dio mala espina. Una mujer de la alta nobleza que a los 27 años no estaba casada debía ser por algo. Mi madre dijo que la conociera en la fiesta del Verano.
Las fiestas de la alta nobleza me aburren. En cierto modo me gusta más rodearme de "nuevos ricos" que de aristócratas. Quizás sea por mi naturaleza humilde (no penseís mal, no soy un nuevo rico) pero me gusta más la sencillez de esa clase que la extrema protocolaria de los nobles. El día 22 de septiembre se celebra en Austria una fiesta a la que suele acudir la nobleza europea, se trata de la fiesta de verano, que pone fin a esta estación del año, y que me aburre de gran manera. Mi abuela tiene impedida la entrada, desde que un año comenzó a bailar desnuda en el gran salón, fruto de su demencia. Allí conocí a Rosseum de Capagne, Rosy para los amigos, la chica francesa de la que me habló mi madre. Entonces comprendí el por qué de su soltería.
El primer sentimiento que me recorrió el cuerpo fue compasión. Era de la más distinguida nobleza de Francia y siglos y siglos de incesto entre sus antepasados habían hecho mella en su aspecto físico sin duda. Intenté pensar en cosas positivas mientras me acercaba a ella para cortejarla, como que debía ver su belleza interior, pero cuando me sonrió abriendo aquella boca pude ver que su interior era igualmente horrible, y peor aún, olía peste. Sin embargo fuí fuerte y la saqué a pasear por los jardines del palacio austríaco. Me persigné, temeroso de Dios, por pasear con aquel anticristo y le besé en los labios. Sentí muchas cosas cuando la besé, aunque no nos engañemos, ninguna fueron buenas y me dio su dirección en Francia. "Todo sea por el buen nombre de mí familia" pensé, y accedí a salir con ella.
La historia continuará en otro momento...
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Esto ocurrió hace ya algunos años, siete creo, y en aquella época vimos con tristeza como la vida se escapaba de la abuela María Antonia (luego vimos con más tristeza aún como se recuperaba, y vive a día de hoy, después de siete años, en la mansión de la familia). Mi padre descubrió que la fortuna de la abuela no tenía beneficiario por lo que la sacó de la residencia donde estaba y la instaló en casa. Hacía tres años que mi padre internó a la abuela en la residencia, en ese tiempo he de reconocer que no la visitó muy a menudo, creo que la última vez que puso el pie en la residencia fue el día del ingreso porque no le dejaron firmar el internamiento a través de internet. Pero la familia volvía a estar unida. Sin embargo, y a pesar de su regreso a la mansión, el tío Fernando seguía siendo el preferido de la abuela, y tenía pensado ponerlo de beneficiario de la herencia.
Mi padre me dijo que buscara algún trapo sucio en la casa de Fernando con el objetivo de ganar la antipatía de la abuela. Lo visité con un falso pretexto, y cuando observé que no había vigilancia subí al despacho y miré en todos los cajones del escritorio. No hallando nada me dirigí a su habitación. Lo primero que ví allí fue ropa interior femenina tirada sobre la cama, "Fernando siempre fue el más cabeza loca de la familia, siempre de fiesta en fiesta y relatando con detalle sus innumerables conquistas" pensé "seguro que anoche tuvo fiesta con una guarrilla".
No pude encontrar nada en contra de él por lo que decidí inventarlo. Mi abuela era de mentalidad ligeramente antigüa, no obstante parece que está disecada en lugar de viva, y pensé que si decía que Fernando era homosexual conseguiríamos la herencia.
El resultado fue el esperado, y la abuela llamó a Fernando para expresar su rechazo. Minutos después se presentaría de esta manera.
Dijo que sí, que estaba harto de disimular con sus relatos de macho y que estaba dispuesto a luchar contra el mundo. Entonces comprendí que hacía aquella ropa interior. El tío Fernando no solo era homosexual sino travesti. El éxito era rotundo, de no ser porqué a la abuela no le importó aquello y no cambió sus planes. Ante un notario, María Antonia se puso sus gafas de cerca y examinó cuidadosamente los papeles de la herencia. Solo estaba con ellos mi padre, cabizbajo por lo sucedido. De repente, la abuela se inclinó y le dijo "¿Como se llamaba mi hijo, el que es gay" a lo que respondío mi padre "Ese bastardo se llama Alejandro Robles, mamá, Alejandro Robles".
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Perdonad mi tardanza en volver a escribir, pues en realidad regresé de mis vacaciones hace una semana. Me olvidé por completo del blog y de vosotros pero Valmaseda me recordó que estaba escribiendo mis historias y que esto me ayudaba a auto-conocerme mejor y aquí estoy. Como ya dije, hace poco más de una semana regresé de la riviera maya, donde pasé las últimas dos semanas de mis vacaciones (en estos meses he estado en cuatro países distintos) y me embargó la tristeza al dejar mi suite, que en esta imágen es la de en medio.
En estas vacaciones quise encontrarme a mí mismo, por lo que ascendí a un templo en las montañas de China sin Ipod, Móvil, ni demás ataduras a mi vida material, pero se ve que mi "yo" no estaba allí por lo que esa misma tarde volví al hotel. Fueron los 20 minutos más aburridos de mis vacaciones. En Brasil tampoco me encontré a mí mismo, aunque sí encontré a una mulata exhuberante que me acompañó en mis vacaciones por sudamérica y centroamérica. Opino que eso de encontrarse a uno mismo es una gilipollez inventada para los que están tiesos.
Más adelante os contaré con detalle las cosas que me han sucedido en mis viajes a Brasil, República Dominicana, China y México. De momento solo tengo ánimos para deciros que terminó el verano y comenzó el trabajo, que me absorverá cuatro horas diarias durante cuatro días a la semana. Espero que vuestros trabajos no sean tan pesados. Pero a mi regreso no me olvidé de mi familia y amigos, a los cuales les compré generosos souvenirs. Una colección de perlas marinas de distintos colores a mi madre, una escopeta de la época colonial a mi abuela (por supuesto descargada), una auténtica máscara india de marfil para mi padre, un cofre de bronce y perlas a mi mayordomo y amigo Valmaseda y un mocho de fregona para las ecuatorianas.


